Todo el mundo tiene un límite. Y cuando llega, el desencadenante puede ser una cosa pequeña, un incidente que normalmente no importaría.
El momento de Shannon Wait se produjo cuando la botella de agua que le dio Google se rompió. En el centro de datos donde trabajaba hacía mucho calor, así que pidió otra.
Cuenta que el subcontratista de Google para el que trabajaba se negó a dársela.
Ese momento desató una reacción en cadena que llevó a un anuncio la semana pasada: Google firmó un comunicado en el que dice que los empleados de la compañía tienen derecho a hablar sobre su salario y condiciones de trabajo entre ellos.
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