Aquel Palacio Nacional al que el presidente Andrés Manuel López Obrador llegó a vivir como una muestra de la austeridad que, aseguró, instauraría en su administración, fue embellecido con recursos públicos.
Se quitaron viejos pisos, se demolieron muros y se retiraron falsos plafones. Se eliminó una vieja alfombra pegada al suelo y se desinstalaron tuberías. Los suelos se cubrieron de parquets de madera de encino americano y tzalam. Llegaron tableros de madera de cedro rojo, 170 metros cuadrados de muros se cubrieron con tapiz de tela, se cambiaron focos, se pusieron nuevas luminarias. Hasta mejoró el aire acondicionado.
De acuerdo con contratos revisados por EMEEQUIS, el presidente mandó a cambiar los parasoles de todas las ventanas de Palacio Nacional: 63 carpas repelentes al agua de lluvia para los balcones del hogar del presidente, donde hacía 135 años nadie vivía.
Además, AMLO apostó por restaurar la cubierta del Patio de Honor, mandar a pintar un óleo en honor al General Lázaro Cárdenas y garantizar que en su hogar/oficina siempre hubiera flores y arreglos de hasta 62 especies distintas para recibir a sus invitados: orquídeas, ranúnculos, lisianthus, lilis, rosas, etcétera.
En al menos 12 contratos, la Oficina de la Presidencia de la República desembolsó casi 9 millones de pesos para “tunear” la residencia del presidente.
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