Afirman que el caso debe entenderse dentro del contexto de las tensiones bilaterales derivadas del hallazgo de presuntos agentes de la CIA en Chihuahua
El señalamiento del gobierno de Estados Unidos contra el gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, se ha ido desdibujando al no presentarse pruebas que respalden las acusaciones, consideró Eduardo González, académico del TEC de Monterrey, quien afirmó que el caso debe entenderse dentro del contexto de las tensiones bilaterales derivadas del hallazgo de presuntos agentes de la CIA en Chihuahua.
Explicó que, desde que surgieron los señalamientos, la postura de la Presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha sido que no existen elementos públicos para afirmar ni para descartar una eventual relación de Rocha Moya con el crimen organizado.
Sin embargo, sostuvo que el momento en que surgieron las acusaciones apunta a una respuesta política de Estados Unidos frente a ese episodio, aunque de igual forma el tema tiene poca posibilidad de impactar en las negociaciones del T-MEC.
«Sin que tenga yo elementos para decir que Rocha Moya no está metido en el crimen, como tampoco tengo elementos para sostener que sí lo está, la lectura que yo hacía es que el aviso tenía que ver más con contraatacar al gobierno de México por el asunto de los agentes de la CIA en Chihuahua», señaló el académico.
Recordó que la Presidenta Claudia Sheinbaum respondió solicitando pruebas que sustentaran las acusaciones, al considerar que la información presentada por las autoridades estadounidenses se limitaba a anotaciones con nombres de funcionarios.
«Lo que presentó Estados Unidos eran unas hojas de un cuaderno con los nombres de algunos funcionarios. Ya dijo la Presidenta: así como ellos nos piden pruebas cuando nosotros solicitamos una extradición, nosotros también pedimos pruebas para poder detenerlo y eventualmente extraditarlo, cosa que hasta el momento Estados Unidos no ha entregado», dijo.
A unos cuantos días de que venza el plazo fijado por el presidente estadounidense Donald Trump para diversas decisiones en materia internacional, que se cumple el próximo 30 de junio, el especialista señaló que resulta incierto anticipar cuál será el siguiente paso de Washington respecto al caso Rocha Moya, pues consideró que la agenda del mandatario ha estado marcada por cambios constantes y otros frentes de conflicto.
Añadió que, si Estados Unidos insiste en solicitar la entrega del mandatario sinaloense, la respuesta del gobierno mexicano seguirá siendo exigir evidencia suficiente para sustentar cualquier procedimiento legal.
«Sin las pruebas, incluso si hubiese disposición política de detenerlo, sería muy complicado llevar a cabo esa operación. Ahí están enfrascados con el asunto de si hay o no las pruebas», manifestó.
El analista señaló que, paralelamente, el gobierno mexicano busca fortalecer su posición al destacar acciones contra el crimen organizado y la reducción de homicidios, lo que ha derivado en una disputa de narrativas entre ambos países sobre la estrategia de seguridad.
«Hay una lucha muy fuerte de narrativas y de discursos para colocar en el escenario público la visión de que en México sí se combate al crimen organizado y la visión desde Estados Unidos de que en México no se combate», refirió.
Así, respecto a las negociaciones para la revisión del T-MEC, descartó que el caso Rocha Moya represente un factor que pueda afectar el desarrollo de las conversaciones entre los tres países, al considerar que las mesas de negociación avanzan bajo una lógica distinta a la confrontación política.
«Si realmente tuvieran esas pruebas tan contundentes que dicen tener, Donald Trump no hubiera esperado; las hubiera presentado desde el primer momento. Eso no quiere decir que Rocha Moya no tenga relación con el crimen organizado, ese es otro asunto», dijo Eduardo González.
En este sentido, refirió que los equipos negociadores y los sectores empresariales de México, Estados Unidos y Canadá continúan trabajando en la revisión del tratado comercial de manera paralela a los diferendos políticos y de seguridad entre ambos gobiernos.
«Las negociaciones del T-MEC se mueven en otras lógicas muy diferentes a la que estamos suponiendo en términos políticos. Frente al crecimiento de la economía china, la mejor forma de enfrentarla desde este lado del mundo es con un tratado como el que tenemos», finalizó el internacionalista.
JM
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