El conjunto auriazul sobrevivió y consiguió un sufrido empate 0-0 que deja el drama para el encuentro del domingo
Cruz Azul y Pumas no se hicieron daño en el partido de ida de la Gran Final del futbol mexicano en el Estadio Ciudad de los Deportes, con los Cementeros desaprovechando oportunidades y un conjunto auriazul que sobrevivió para conseguir un sufrido empate que deja el drama para el encuentro del domingo, cuando los de la UNAM jugarán en casa.
El recinto de Avenida Insurgentes, en la capital, se pintó completamente de azul para recibir de nuevo a la Máquina en la que fue su casa por muchos años. La afición reflejó su ilusión por dar un paso hacia la décima estrella, abarrotando el inmueble y recibiendo a los jugadores entre banderas, cánticos y un mosaico en la cabecera con la palabra “orgullo”.
Esa energía fue transmitida desde las gradas al terreno de juego y los Cementeros arrancaron como un auténtico tren en la mitad de cancha de Pumas. Desde los primeros minutos, la intensidad fue de un solo lado, mientras que los universitarios trataban de sobrevivir a la asfixiante presión local.
Osinachi Ebere tuvo la primera para Cruz Azul con un disparo que apenas rozó el poste de Keylor Navas a los cinco minutos e, instantes más tarde, el costarricense fue exigido por primera vez con un disparo lejano de José Paradela, dejando el grito de gol en la garganta de los fanáticos.
Ni el asedio ni las llegadas cesaron y, en medio del sufrimiento felino cada vez que el rival entraba a su territorio con autoridad, llegó un susto aún mayor para los universitarios, cuando Carlos Rodríguez fue derribado dentro del área e Ismael López Peñuelas marcó penal. Sin embargo, tras una revisión en el VAR, revirtió la decisión y decretó fuera de juego del centrocampista celeste.
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