Cerca de tres mil aficionados recibieron al Tri, que por primera vez jugará un partido mundialista en la Perla Tapatía
La Selección Mexicana llegó a Guadalajara y encontró mucho más que una ciudad lista para recibirla: encontró el cariño, la pasión y la esperanza de miles de aficionados que convirtieron su arribo en una auténtica fiesta nacional.
Por primera vez en la historia de las Copas del Mundo, México disputará un partido mundialista en territorio tapatío, un hecho que ya ocupa un lugar especial en la memoria del futbol mexicano. Consciente de la magnitud del momento, la afición respondió de manera extraordinaria y se volcó a las calles para darle la bienvenida al equipo que representa los sueños de todo un país
Desde varias horas antes de la llegada del Tricolor, las inmediaciones del hotel de concentración comenzaron a teñirse de verde, blanco y rojo. Cerca de tres mil aficionados se dieron cita para ser parte de una jornada inolvidable. Familias completas, niños con la camiseta de sus ídolos, jóvenes, adultos y personas de la tercera edad compartieron el mismo sentimiento: hacerle sentir a la Selección que no está sola.


Los cánticos comenzaron a escucharse desde temprano. Bombos, trompetas y banderas acompañaron una celebración que fue creciendo con el paso de los minutos. La zona de Plaza Midtown se transformó en una enorme tribuna al aire libre donde resonaron con fuerza las estrofas de Cielito Lindo y el tradicional grito de batalla: “¡Dale, dale, México!”.
La fiesta continuó con un espectacular banderazo organizado por los aficionados, acompañado de juegos pirotécnicos que iluminaron la noche tapatía. Cada aplauso, cada bandera agitada y cada canción fueron una muestra del respaldo incondicional hacia los jugadores.
El momento de mayor emoción llegó con la entrada del autobús de la Selección. Mientras cientos de teléfonos intentaban capturar el instante, un mariachi recibió al equipo nacional, regalando una imagen que reflejó la esencia del futbol mexicano y el orgullo de jugar en casa.

Cuando parecía que la noche llegaría a su fin sin un encuentro entre futbolistas y aficionados, se dio la sorpresa: Los jugadores salieron a saludar y desataron la euforia. Los gritos de “¡Hormiga, Hormiga!” y “¡Quiñones, Quiñones!” se escucharon con mayor fuerza, mientras nombres como los de Guillermo Ochoa y Álvaro Fidalgo también fueron coreados por una afición entregada.
La velada concluyó con una fotografía grupal del plantel, pero el último mensaje fue de la gente. Miles de voces se unieron en un solo grito que resumió la ilusión de todo un país: “¡Sí se puede!”. Una noche mágica y memorable para el representativo más importante del futbol mexicano.
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